Crece sobre mí como un árbol aéreo,
Nutriéndose de mi savia.
Solo le pido que me mate de una vez por todas
Pero el me quiere agonizante,
Con un hilo de vida.
Aparato fantasmal que me sujeta
Entre sus voces,
Proclamando su nirvana de locura bajo el cielo.
 
Yo callo.
En la silenciosa penumbra de mi pecho,
Creo canciones de presos fugitivos.
Espero mi final.
Sus ramas pesan y ahogan a mis ramas.
Sus raíces entran por mis costados
Y de mis costillas beben
Un mar teñido de rabia.

Mar melancólico y último, me digo,
Mar de blanquísimos nervios helados.

¿Es esto lo que resta de mi corazón?
¿Soy este tronco retorcido
Que nutre a un ser más bello?
Y sobre mí ese manto de flores insolentes
Con el que mi parásito seduce a los viajeros.

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