Una vez que la maquinaria hunde sus sueños
en la tierra ensangrentada,
no nos queda más remedio que
vagar entre hologramas
de Shakespeare, Dalai Lama y Lady Gaga.

Calavera de titanio entre los dedos de un lunático.
Hamlet anciano en el último acto,
cuando la serpiente es
un laúd enmascarado
y los cementerios
despiden a sus huestes sin contrato.

Este es el ansiado día del juicio
y es político.
Arrojo mi malhumor en una bandada de palabras
indisciplinadas,
turbias,
congeladas,
para que las recojan los niños del futuro.

Ellos sabrán jugar con
el inventario tardío de la creación.
Con sus fauces eléctricas
y su deseo rojo,
rojo,
violarán a la muerte hasta saciarse
y sacarán de sus entrañas
el diamante enfermo de la madrugada.

Piedra sin alquimia,
pájaro vertical.
Echémonos un puñado de ceniza en el cráneo
y continuemos.
Somos la procesión eterna de lo mismo.
Un idiota baila detrás nuestro
con el pene ensangrentado
y un gorro de avispas sobre la cabeza.
(Sus deseos serán nuestra última bendición
cuando el último bosque cierre
sus manos largas
largas
sobre nuestras pobres ánimas).

This is the end, beautiful friend, the end…
El fin de las iglesias,
el fin de las revoluciones
y los cantantes
que agitaban la imprudente pandereta.
Este es el fin, querido hermano.
Este es el fin, coleccionista de latidos.
Sólo es hermosa la serenidad de los frigoríficos.

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