Dijo el mirlo, todavía, todavía más:
Todavía el sol besa mis manos
como un pez de dicha.
Todavía mi sombra crece
con su rumor de hormigas.
Todavía sonríen y exclaman:
Mira,
ese es el tipo que volvió de la luna caminando,
con un nido de arañas en la cara.
Yo me siento frente al espejo y digo:
Todavía las palabras,
todavía la sonrisa falsa,
el miedo escabullido
(Ese perro golpeado por su amo
que baja el trasero y retrocede).
Desde el corredor resuenan los pasos que amo
y que anuncian la muerte.
(Todavía el deseo, todavía la falta).
Todavía el cincelador de abismos
que despierta
con las manos enfangadas
y pregunta:
¿Hasta cuándo los lagartos del tumbado?
Pero el río responde con su atronador silencio
y me condena al misterio.
Cállate ya, filósofo, y escucha.
Y si puedes, baila,
dijo el mirlo:
todavía, todavía más.

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