Acaricia mi alma,
Madre Eterna.
Acúname en tu seno como una nube
Y regálame la risa del idiota.
Haz de mi sangre un ramo de dalias moribundas
Para el trance.
Luego besa mi frente infantil.
Aquí estoy:
Soy un arbusto en el silencio.
Siempre fue así,
Pero hoy lo sé:
Nacemos desnudos a un grito del sol
Y la rosa
Y el terror son uno.
Por eso he deambulado tanto tiempo
Hasta escuchar susurros bajo el césped.
(Yo los escucho y los acato).
¿De verdad pensé alguna vez
Que su canción iba a salvarme?
(Yo la escucho y me someto)
Golpea con fuerza,
Padre Eterno,
Quiébrame en tus manos como una vara.
Aquí estoy.
Arráncame la voz.
Hunde en mi plexo tu espada
De metano
Y clava mis penas en el mástil más alto.
Luego siémbrame en la paz,
En el pensamiento naranja del desierto
Y mira,
Mira como vuelvo,
Como nazco de una piedra,
Mitad odio, mitad agua.

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