Insaciables,
Con un procesador de 1400 gramos
Y 12 vatios
En el cráneo,
En un campo estático,
Vibramos.
Somos.
Pensamos.
Pequeñas bestias hertzianas,
Con la lengua imantada
Y dientes de platino
Atamos los dos polos.
Divino, el espacio.
Nunca me harto de las ciudades vacías
que en la madrugada zozobran.
Luego lloran los semáforos.
¡Qué marcha turca, queridos hermanos!
¡Qué tracatác!
Máquinas asesinas.
—Siempre matamos—
Adoro la sangre derramada entre mis piernas
Y las cosas que crujen
En mi boca.
¡Más carga, compañero!
Corona de chispas en las babas del loco,
Podredumbre de luz,
Ven a mí con la noche y los letreros de neón,
Deslízate en mis uñas
En mi glande
En mi retina
Con la estupidez de los hombres,
Con la ternura de una hija.
Te tengo, pero no me enciendo.
Te abrazo, pero me hiere tu letanía.
Tigre blanco de los poemas,
Amada muñeca sin brazos,
No me desampares ni de noche ni de día.
Este es el inicio del fin.
El ser es una bola de hormigas minuciosas
En el sueño de un soldado
Cuyas manos son devoradas por los muertos.

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