Es una ventana entrañable
Abierta a la distancia y sus mugidos
Cacería de hadas.
Botas de soldado que parlan deslenguadas
A la tierra y cantan a sus muertos.
La pulsión original.
Ese arar el mar con alegría
Cuando las constelaciones eran lavanderas
En una terraza para fumar.
Los libros y los amigos.
La soledad última.
Como si faltara algo que está ahí:
Aquí,
Entre mi camisa y el corazón,
En algún lado
los inmortales ríen,
La pequeña ciudad y sus zaguanes
donde acecha el viento:
enconado,
resentido como un mar de invierno.
Tiempo en estado puro,
Estas baldosas de cemento verde.
Reloj de sal.
Las ruedas pasaron sobre el cráneo,
Tracatac.
¡Ha muerto el pequeño Burbano!
Almita de niño tras la cal del muro
Me susurra sus canciones.
Tengo la delicadeza de una hermana
Y no hago frente a la desdicha,
Solo me visto de sangre,
Me siento ante la bestia sonámbula
Y escribo,
Escribo como si me fuera la vida en ello.
Tracatac.
Tracatac.
Un día más, una tarde más…
Una transformación más,
Un cambio de alma
No de piel.
De huesos.
Pero los ojos del niño siguen aquí
Como dos últimas estrellas en la carne.

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