Parece que dura para siempre.
Que seguirá ahí como un espejo
En un baño clausurado,
Un soldadito de plástico,
Algo que podemos olvidar
Y reencontrar días después
Sin cambio alguno.
Nos confiamos.
Aprendemos a contar con él
Y despreciarlo.
Lo perdemos en las oficinas,
Frente a una taza de café
O en la cama,
Cuando un enemigo nos desvela.
Alguna vez pensé que era un relámpago en los cabellos
A la hora del beso.
Pero tú me enseñaste que es una pulsación,
Una serpiente inmaterial
discurriendo con sinuosa pregnancia
Cuando los dedos de tus manos
se apoyan en las teclas
Y pausadamente lo revelan.
Un amor supremo.
Una bandada de ángeles sobre Hiroshima.
Una niña de helio en la punta de todas las agujas.

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